Resumen
Ver La sombra del pasado Online En su búsqueda de una forma genuina de expresión artística, el joven artista Kurt Barnert (Tom Schilling) combate contra el autoritarismo. Pero Barnert vive atormentado por su infancia bajo los nazis y el régimen de la RDA. El filme sigue a este artista a través de tres décadas, para narrar la historia de Alemania desde el nazismo hasta el dominio comunista en el Este.
Esta película histórica está dirigida por el alemán Florian Henckel von Donnersmarck (The Tourist, La vida de los otros) y sus protagonistas son Tom Schilling (La dama de oro, Suite francesa), Sebastian Koch (El puente de los espías, La chica danesa), Paula Beer (En tránsito, El valle oscuro) y Saskia Rosendahl (Wild, Weissensee).
Kurt Barnert es un joven estudiante de arte en la Alemania del Este. Está enamorado de su compañera de clase, Ellie. El padre de ella, el Professor Seeband, un famoso médico, no aprueba la relación de su hija y está decidido a destruirla. Lo que ninguno de ellos sabe es que sus vidas están conectadas por un terrible crimen cometido hace décadas.
La primera vez que le vemos es solo un niño, interesado por el arte, que visita una exposición de arte degenerado de mano de su tía Elisabeth (Saskia Rosendahl), que se convierte en su primera mentora y le deja una dicha grabada a fuego lo que es auténtico es bello.
Sin embargo, esta sufre un brote psicótico y es trasladada a una institución dirigida por el Profesor Carl Seeband (Sebastian Koch), prestigioso ginecólogo que cumple gustosamente con la orden de esterilizar (y practicar la eutanasia) a toda chica enferma o con cualquier tipo de condición que pueda comprometer el futuro de la raza aria.
Tras la tragedia de la guerra y todos los crímenes en ella cometidos, volvemos a ver a un crecido Kurt trabajando como rotulista en la Alemania oriental. Viendo sus talentos, es recomendado para entrar en la Academia de Bellas Artes de Berlín, para hacer arte al servicio del pueblo. Allí conocerá y se enamorará de Ellie (Paula Beer), que cursa diseño de moda y cuyo padre es el mismo Carl Seeband.
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Al igual que el personaje de Kurt, la película de Donnersmarck está consagrada al arte y su poder para transmitir la verdad, la realidad, aunque sea veladamente. El protagonista nos lleva a explorar distintas interpretaciones del arte como cultura. De la necesidad de que sea colectivo (la pintura socialista) hasta el salto a las vanguardias y el arte más contemporáneo.
De ahí que funcione muy bien el título original, que viene a significar obra sin autor. No voy a desvelar cómo sale esa frase en la película, pero tiene cierto punto de mirada crítica a la vida en general y en esa búsqueda de los bello en la pureza de la realidad. Y la realidad no tiene autor. Al menos no uno físico.
Tenía sentadas detrás en el cine a unas señoras que, en cuanto se encendieron las luces de la sala comentaron esto es la vida misma. Y no creo que haya mejor virtud para La sombra del pasado que el ser capaz de reflejar la vida en su sentido más elevado.
Elevado y, hasta cierto punto, frustrante. Porque eso implica que viendo esta película no puedes evadirte del pensamiento de que la vida es una mierda y que las injusticias pueden salir impunes. No hay una épica solución que permita el cierre deseado. Simplemente se acepta la situación y se sigue adelante sobreviviendo la tragedia.
Técnicamente, La sombra del pasado es brillante y espléndida. Por volver a la comparación con Roma, creo que Donnersmarck desarrolla mucho mejor la historia que Cuarón. Pero si el mexicano logra hacer una gran poesía realista sobre la época de juventud, el alemán entrega un lienzo extenso, expresionista a ratos, delicado y muy sensible.
Y lo hace aprovechando al 100% la fuerza evocadora de la imagen y un maravilloso uso de la música, lo que crea escenas perturbadoramente bellas como la del bombardeo de la ciudad. Una escena que contrapone lo repentino de la muerte con un ensimismamiento ante el panorama llameante de la ciudad.
Este ensimismamiento, a su vez, absorbe a Florian Henckel von Donnersmarck, quien no deja que la historia fluya al ritmo adecuado recreándose demasiado en su exposición. Como el artista que se muere de ganas por explicarte su cuadro.
Esto solo ayuda a superar las tres horas de metraje y a que nos quede demasiado claro qué está pasando en cada momento. A pesar de este inflado artificioso, La sombra del pasado es una delicia de ver. Una joya imperfecta y excesiva pero hermosa.
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